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Adolfina Mejia
septiembre 14, 2026
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En los barrios donde antes reinaba la incertidumbre, hoy se respira un aire distinto. Las miradas de los jóvenes reflejan esperanza, y las familias comienzan a recuperar la tranquilidad. Detrás de ese cambio hay una estrategia que combina disciplina policial con sensibilidad social: la que impulsa la Dirección Antipandillas de la Policía Nacional, bajo el liderazgo del general Ramón Emilio Ramírez Encarnación.
El general Ramírez Encarnación ha asumido el desafío de enfrentar las estructuras criminales juveniles con una visión integral. Su enfoque no se limita al combate directo, sino que apuesta por la prevención, la educación y la cercanía. “La seguridad no se impone, se construye con la gente”, suele decir en los encuentros comunitarios, donde su presencia se ha vuelto símbolo de confianza.
Las acciones desplegadas —charlas a deportistas, levantamientos preventivos y programas de promoción de valores— han cambiado la dinámica en comunidades como San Pedro de Macorís. Allí, jóvenes que antes estaban en riesgo de ser captados por pandillas ahora participan en torneos deportivos y talleres de formación que los orientan hacia estilos de vida positivos.
“Mi hijo estaba a punto de involucrarse en una pandilla, pero gracias al acompañamiento de la Dirección Antipandillas hoy está jugando béisbol y retomó sus estudios”, cuenta una madre con voz emocionada. Su historia no es única: decenas de familias han encontrado apoyo psicológico y social en los programas que promueven la reinserción y el fortalecimiento de valores.
El liderazgo del general Ramírez Encarnación ha sido clave para consolidar esta transformación. Su estilo combina firmeza operativa con empatía humana. Los agentes bajo su mando no solo patrullan, también escuchan, orientan y acompañan. “El general nos enseñó que la prevención es tan importante como la acción”, comenta un oficial que participa en las jornadas comunitarias.
Las conferencias sobre identificación de pandillas han permitido que la ciudadanía se convierta en parte activa de la seguridad pública. Vecinos, maestros y líderes deportivos aprenden a reconocer señales de riesgo y a intervenir antes de que la violencia se arraigue.
El impacto es visible: las calles muestran menos tensión, los barrios respiran más calma y la confianza hacia la institución policial se fortalece. “Ahora sentimos que la Policía está de nuestro lado”, afirma un joven líder comunitario, convencido de que la prevención es la mejor arma contra la violencia.
Este esfuerzo se enmarca dentro de la reforma policial, que busca consolidar la proximidad policial como eje central. La imagen de una policía distante se desvanece, dando paso a una institución moderna, humana y comprometida con la paz social.
En cada barrio, en cada charla y en cada familia acompañada, se escribe un nuevo capítulo de seguridad y esperanza para la República Dominicana. Y en cada historia, el liderazgo del general Ramón Emilio Ramírez Encarnación se erige como ejemplo de cómo la autoridad puede ser también cercanía, escucha y transformación.

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