Por: Emiliano Reyes Espejo
ere.prensa@gmail.comEran días aciagos que presagiaban la llegada de la libertad. Un sector que aspiraba a tomar las riendas del poder visualizó que, por fin, “una luz asomó al final del túnel”. Todo esto acontece después de que el conglomerado partidario libró duras y tenaces luchas políticas, en el curso del proceso electoral del año 1978.
Una tensa atmósfera reinó en el devenir político-electoral en todo el país. La gente que acudió de manera masiva a depositar sus votos en las urnas, vio surgir temores de todo tipo, dando la impresión de que las cosas comenzaban a oscurecerse. Los hechos, no obstante, fluyeron según la marcha de la historia, no como algunos sectores tramaron.
La incertidumbre se hizo dueña del sector gobernante de entonces, dando paso a urdimbres, maniobras estratégicas, represión y a asechanza solapada, alternativa usada para retener el poder a cualquier precio, y si fuera necesario, usar fuerzas ajenas al ámbito electoral.
Las elecciones generales se celebraron el 16 de mayo de 1978. El proceso electoral fue muy tenso y las luchas partidarias se radicalizaron. Había sectores decididos, dispuestos a retener el poder a como dé lugar, mientras otros se arriesgaron a tomarlo y a gobernar el país. Tuvo que intervenir el presidente estadounidense Jimmy Carter una vez se conoció el triunfo del candidato perredeísta Antonio Guzmán.
“Cuando el conteo mostró una tendencia inconfundible hacia Guzmán, el Ejército intentó un golpe de Estado e interrumpió el conteo de votos, solo para retroceder en medio de las protestas en casa y la fuerte presión del exterior”, narra Wikipedia que destaca, asimismo, que este cambio “marcó la primera vez en la historia del país que un gobierno en funciones había entregado pacíficamente el poder a un miembro electo de la oposición”.
En medio de esas lides se enseñorearon los liderazgos del entonces gobernante, Joaquín Balaguer; del profesor Juan Bosch, líder fundador y guía del emergente Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y del tronante joven José Francisco Peña Gómez, quien surge en el escenario político con la fuerza de un titán, un estratega que supo interpretar los deseos del momento del pueblo dominicano.
Derrotan gobierno de BalaguerA raíz de la derrota sufrida por el gobierno de Joaquín Balaguer en 1978, asumió el poder don Antonio Guzmán. En medio de las votaciones, se presentó al departamento de prensa RTVD un alto oficial militar. Éste llevó un comunicado que, según él, debía leerse cada cinco o diez minutos en emisiones de radio y televisión. La Junta Central Electoral (JCE) había asumido el control oficial de la radiotelevisora estatal, precisamente para prevenir las prácticas que trató de imponer el sector oficial.
Los perredeistas terminaron ganando las elecciones y posesionaron a sus gentes en la administración pública. El licenciado Hatuey Decamps fue designado director general de la entonces Radio Televisión Dominicana (RTVD). Entre las primeras medidas, Decamps dispuso el cierre literal del departamento de prensa, ordenando incluso a tapiar su puerta con madera.
La decisión causó escozor en el sector periodístico. Para Hatuey ese departamento se había confabulado para el montaje del fraude electoral, lo que no fue cierto, ya que las maniobras para el “trastrueque electoral” se urdieron en el Palacio Nacional. No necesariamente hecho por el presidente Balaguer, sino por políticos reformistas, empresarios y militares de su entorno que se resisten a entregar el gobierno al presidente electo, don Antonio Guzmán.
El golpe de Estado montadoAl parecer el golpe de Estado en caso de perder las elecciones, estaba montado. A eso de las diez de la mañana, en plenas votaciones y con la gente acudiendo en masa a las mesas electorales, un oficial militar entró intempestivamente al departamento de Prensa de RTVD. Se dirigió a la oficina del entonces director, periodista Miguel Ángel Reinoso Solís (epd), quien permanecía allí para atender cualquier situación que se presente, con motivo de las elecciones, pero siempre bajo las instrucciones de la JCE. El militar, quien dijo llevar el mensaje desde el mismo Palacio Nacional, ordenó a Reinoso Solís difundir el documento, el cual supuestamente había sido autorizado por la Junta. En el mismo se llamaba a la ciudadanía a votar “en cualquier mesa”, aunque según el reglamento electoral, los ciudadanos debían realizar el sufragio a través de colegios electorales.
Se presta para fraudeEl documento del militar daba un giro al proceso de votación a nivel nacional y al parecer estaba dirigido a alterar los resultados finales de las elecciones.
-“Ahí está el fraude, en ese documento está el fraude”, me susurró Reinoso Solís en su despacho. Cauteloso y visiblemente nervioso, éste explicó al militar que no podía ordenar la difusión del documento sin la aprobación de la JCE y del director general de RTVD, don Ramón Font Bernard, a quien llamó y de quien obtuvo una respuesta contundente: -“No difundas ese documento, la ley electoral condena esa acción”. Y añadió: –“Espérame un momento, voy a llamar a Palacio, te respondo ahora, pero no autorice difundir ese documento hasta que te diga, porque puede a caer preso…”.
A los pocos minutos, Font Bernard instruyó a Reinoso Solís a que evite involucrarse y dejara que fuese el propio oficial quien llevó el escrito a la cabina de grabación. Allí, como si la escena estuviera sincronizada, lo esperaba el locutor Vinicio Dotel, miembro del Ejército Nacional y una de las mejores voces comerciales de la radiotelevisora estatal.
Una vez grabado el mensaje que se atribuyó a la JCE, el oficial militar se marchó raudo del lugar.
Font Bernard nos había advertido que, una vez el militar saliera del edificio de la televisora, cerramos el departamento y nos marchamos. Pero no bien comenzamos a recoger, llegó acompañado de un funcionario de la Junta Central Electoral (JCE), el licenciado Hatuey Decamps. Visiblemente molesto, algo alterado, se dirigió a Reinoso Solís, encarando según alegaba, que nos habíamos prestado para un “fraude electoral” y que, por tanto, éramos pasibles de ser llevados a los tribunales.
El periodista rechazó de plano el señalamiento de Decamps. Detalló a éste lo acontecido con el documento, el cual se difundió profusamente por las ondas televisivas y radiofónicas.
Irrumpió en el departamentoDecamps solicitó al funcionario de la JCE suspender la emisión del comunicado y así se hizo. Pidió, asimismo, que nos tomara los nombres. Hatuey y Reinoso Solís se conocían desde hacía años, cuando el periodista militaba en el perredeismo de La Vega.
-“No creí que mi amigo Reinoso Solís se prestaría para esta vagabundería”, dijo Decamps, visiblemente enfadado. Hatuey atribuía a Reinoso Solís haberse confabulado para el fraude, lo que éste rechazó tajantemente, entregando a éste una copia del comunicado, el cual el líder perredeísta utilizó luego en un debate público con Marino Vinicio Castillo (Vincho) para demostrar que realmente se intentó alterar las elecciones de 1978.
Días después de su cierre, y en medio de protestas por esta medida, el departamento de prensa fue reabierto. Periodistas y personal cesanteados fueron reintegrados, por sugerencia del subdirector de la televisora estatal, el poeta Tony Raful.
El chivo prometido a NelsonTiempo después, y mientras me desplazaba por la hermosa y atractiva Calle Del Conde, ensimismado en las adornadas vitrinas de tiendas y otros negocios, oí que me llamaron. Cuando giré para mirar vi a Nelson, un colega periodista, compañero de labores en el departamento de prensa de la otrora Radio Televisión Dominicana (RTVD). Éste se había marchado y radicado en Puerto Rico tras el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) y su líder Joaquín Balaguer abandonar el poder.
Nelson, reportero de características propias, excelente redactor de crónicas oficialistas que había sido asignado a la fuente del Palacio Nacional, era de los pocos periodistas del área palaciega que podía portar un arma, reinando la creencia de que era miembro de una rama de un organismo militar. Su responsabilidad era cubrir todas las actividades de la Presidencia y del presidente Balaguer.
Un saludo de 500 pesosCuando nos vimos nos saludamos efusivamente y conversamos “largo y tendido” en una icónica cafetería del Conde. Tratamos sobre temas diversos, desempolvamos algunos recuerdos y éste se refirió, entre risas, a aquel momento en que un secretario de Salud Pública le expresó: -“Voy a dejar de saludarte, cada vez que te saludo me sale por 500 pesos”. Nelson se hizo muy popular entre funcionarios del gobierno por promociones periodísticas que éste le realizaba de sus gestiones públicas. Surgió un momento de silencio, me miró fijamente a los ojos, y preguntó: -“¿Y mi chivo?”. –“El chivo que me ofreciste cuando llegaste de Tamayo”. “Ya hace mucho tiempo, me imagino que arrastra sus testículos por el suelo”. Mi respuesta fue un prolongado mutismo, luego reaccioné: -“Oh sí, verdad, lo recuerdo muy bien; lo tengo amarrado en el patio de mi casa, allá en mi pueblo, vamos a coordinar para traértelo”.
Nelson estalló en una prolongada carcajada, y me espetó: -“Tendré que esperar otros veinte años, cuando regrese de Puerto Rico para comerme ese chivo. ¡Qué bárbaro eres!”.
Después de esta renovada promesa de conseguirle su chivo, Nelson y yo rememoramos aquellos tiempos del cambio de gobierno, que prácticamente lo obligó a emigrar a la Isla del Encanto.
De todo esto conversé con Nelson, ducho militante reformista y periodista que emigró a Puerto Rico. En mi caso, cada vez que visitaba la calle Del Conde miraba a todo lado para ver si me encontraba otra vez con él. Pienso qué nuevo cuento le haría a éste sobre el chivo ofrecido.
El autor es periodista.Emiliano Reyes
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