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Adolfina Mejia
mayo 22, 2026
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Por: José Domingo Arias (Gen. de Brig. (r) ERD)
Vivir en las inmediaciones del Ministerio de Defensa me ha permitido observar, en más de una ocasión, una escena que pudiera pasar inadvertida para muchos: la entrada y salida del teniente general Carlos Antonio Fernández Onofre, ERD, ministro de Defensa de la República Dominicana, sin el aparataje excesivo que suele acompañar a quienes ocupan posiciones de semejante responsabilidad. Esa imagen cotidiana, sobria y poco ostentosa, terminó convirtiéndose para mí en una reflexión inevitable: detrás de esa sencillez hay un hombre ejerciendo una de las funciones más difíciles del Estado dominicano.
El Ministerio de Defensa no es una posición cualquiera dentro del Estado. Desde allí se conduce una institución histórica, jerárquica y sensible, compuesta por hombres y mujeres cuyas carreras, expectativas y sacrificios están íntimamente vinculados a las decisiones que se toman en esa instancia. Pero en el caso de un ministro que es, además, militar activo, la complejidad se multiplica. No se trata solo de administrar el sector defensa desde una función política y estratégica; también debe ejercer el mando superior conjunto sobre las Fuerzas Armadas. Esa doble condición convierte cada decisión en un acto de gobierno y, al mismo tiempo, en una señal de mando hacia la institución militar.
Ahí está una de las primeras dificultades que Fernández Onofre ha sabido manejar con acierto: decidir como ministro, pero ser observado como comandante. Una designación, un traslado, una recomendación, un ascenso o un retiro no son simples actos administrativos. Para el Estado, son decisiones de gestión; para la vida militar, son mensajes que impactan carreras, promociones, equilibrios internos y expectativas personales. Saber decidir sin quedar atrapado en presiones, afectos o intereses particulares requiere prudencia, carácter y sentido institucional.
A esa dificultad se suma otra no menos importante: actuar como puente entre el poder civil y la institución armada. Como ministro, debe acompañar la visión del gobierno legítimamente constituido y responder a las políticas públicas del sector defensa. Como mando militar conjunto, debe preservar la disciplina, la cohesión, la moral y la profesionalidad de las Fuerzas Armadas. Caminar entre esas dos responsabilidades exige una madurez poco común, porque inclinarse demasiado hacia una de ellas puede debilitar la otra.
Fernández Onofre ha logrado mantener ese equilibrio con serenidad. Su estilo no parece orientado al protagonismo personal ni a la exhibición del poder, sino al cumplimiento del deber. Ha ejercido la autoridad con firmeza, pero sin estridencias; con cercanía, pero sin perder la distancia necesaria que impone el cargo; con humildad, pero sin renunciar al peso de la responsabilidad que lleva sobre sus hombros. También ha tenido que superar la dificultad de mirar más allá de su fuerza de origen. Como ministro, no puede pensar desde una parcela institucional; como comandante general conjunto, debe entender y armonizar las necesidades del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y los cuerpos especializados. Esa visión integral es esencial para conducir el sistema de defensa como un todo, sin privilegios visibles ni desequilibrios que puedan afectar la confianza interna. En ese punto, su desempeño revela una comprensión clara de la responsabilidad nacional que encarna. El ministro de Defensa no administra únicamente mandos, instalaciones o presupuestos; administra una misión superior vinculada a la soberanía, la seguridad, la estabilidad y la continuidad institucional de la República. Y el mando conjunto no se ejerce solamente con órdenes, sino con equilibrio, credibilidad y respeto entre las fuerzas.
Otra dificultad está en la cercanía con la propia institución. El ministro militar activo conoce los códigos internos, las promociones, las lealtades, los méritos, las tensiones y también las frustraciones de la vida castrense. Esa experiencia le permite comprender mejor lo que ocurre dentro de los cuarteles, bases y unidades; pero también le exige mayor desprendimiento para decidir por encima de simpatías, historias compartidas o presiones naturales del entorno militar.
Ahí la humildad juega un papel fundamental. En el mundo militar, donde la jerarquía pesa y el símbolo del poder suele hacerse visible, conservar la sencillez en la cima no es un detalle menor. La humildad no debilita el mando; lo legitima. Y cuando esa humildad se combina con capacidad profesional y amor por la institución, la autoridad deja de ser solo formal para convertirse en ascendencia moral.
En lo personal, no me sorprende su forma de ser. Conozco a su familia y sé que esa sencillez no es una actitud improvisada ni una pose frente al cargo. Es el reflejo de una formación, de unos valores y de una manera de entender la vida que lo han acompañado aun en medio de las mayores responsabilidades.
En conclusión, el teniente general Carlos Antonio Fernández Onofre ha demostrado que se puede cumplir la doble responsabilidad de ministro de Defensa y comandante conjunto de las Fuerzas Armadas con firmeza, humildad y amor por la patria. Como ministro, ha sabido conducir con sentido de Estado; como mando militar conjunto, ha procurado preservar el equilibrio interno de una institución compleja; y como soldado, ha mantenido una conducta sobria que honra la tradición de servicio de las Fuerzas Armadas.
Quizás por eso, aquella imagen de verlo entrar y salir del Ministerio sin excesos termina siendo una buena metáfora de su liderazgo: la de un hombre que parece entender que la autoridad verdadera no necesita adornarse demasiado, porque su fuerza no está en el aparato que la rodea, sino en la responsabilidad con que se ejerce.
Sobre el autor:
Magister en Estudios Estratégicos de Seguridad, National Defense University/Magister en Estrategia, US Army Command and General Staff School/Magister en Mercadeó Internacional, Fordham University/Licenciado en Administración, Audrey Cohen College/Licenciado en Ciencias Militares, AMFA/ Especialidad en Homeland Security, National Defense University.

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