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Adolfina Mejia
enero 23, 2026
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Por: Valentín Rosado Vicioso
El Ártico, la región polar septentrional de la Tierra centrada en el Polo Norte, ha dejado de ser un espacio remoto y congelado para convertirse en uno de los principales tableros de la geopolítica global del siglo XXI. Compuesto en gran parte por el Océano Ártico y rodeado por territorios de América, Europa y Asia, este espacio involucra directamente a ocho Estados con presencia soberana o litoral ártico: Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Rusia, Noruega, Suecia, Finlandia e Islandia.
En ese contexto, Groenlandia, la isla más grande del mundo, ocupa un lugar de singular relevancia. Situada entre el Océano Ártico y el Atlántico Norte, constituye un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, aunque geográficamente pertenece a América del Norte. Aproximadamente el 80 % de su superficie está cubierta por una vasta capa de hielo, y su población apenas supera los 56 mil habitantes. Sin embargo, su valor estratégico, geopolítico y económico es inmenso.
Groenlandia posee importantes reservas de minerales estratégicos, incluyendo hierro y tierras raras, recursos críticos para la industria tecnológica, energética y militar moderna. Aunque continúa formando parte del Reino de Dinamarca, goza de autonomía desde 1979. Históricamente fue colonizada por pueblos nórdicos y posteriormente administrada por Dinamarca desde el siglo XVIII.
En los últimos años, y con mayor intensidad desde finales de 2025 y lo que va de 2026, las tensiones geopolíticas en el Ártico se han incrementado notablemente. El detonante principal ha sido el interés manifestado públicamente por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en adquirir Groenlandia. El mandatario ha reiterado la idea en múltiples ocasiones, llegando incluso a sugerir eventuales negociaciones con Dinamarca o iniciativas legislativas orientadas a una posible anexión como territorio estadounidense.
Tanto Dinamarca como las autoridades de Groenlandia han rechazado categóricamente cualquier planteamiento en ese sentido, dejando claro que “Groenlandia no está en venta” y que no existen negociaciones formales sobre una transferencia de soberanía.
Desde la perspectiva estadounidense, el interés en Groenlandia responde fundamentalmente a razones de seguridad nacional y geoestrategia. La isla ocupa una posición clave en las rutas marítimas y aéreas entre el Atlántico Norte y el Ártico, y forma parte del denominado “GIUK Gap” (Groenlandia–Islandia–Reino Unido), corredor estratégico esencial para la vigilancia y defensa frente a Rusia.
Un elemento central en esta ecuación es la Base Espacial Pituffik, anteriormente conocida como Base Aérea de Thule, ubicada al noroeste de Groenlandia, a unos 1,520 kilómetros del Polo Norte. Se trata de la instalación militar más septentrional de Estados Unidos y constituye un punto neurálgico para la Fuerza Espacial estadounidense en materia de alerta temprana de misiles, vigilancia espacial y control satelital.
A ello se suma el interés de Washington por asegurar el acceso a minerales críticos y tierras raras, indispensables para baterías, tecnologías verdes y sistemas de defensa avanzados. Controlar estos recursos permitiría a Estados Unidos reducir su dependencia de China, país que actualmente domina el mercado global de tierras raras.
Precisamente, China se ha autodefinido como un “Estado cercano al Ártico” y ha incrementado su presencia científica, comercial y de inversión en la región, especialmente en proyectos de infraestructura y minería. Aunque Pekín no ha expresado intención de comprar Groenlandia, sus movimientos estratégicos generan preocupación en Washington.
Por su parte, Rusia, sin manifestar interés en una adquisición territorial, ha fortalecido de manera sostenida su presencia militar y económica en el Ártico, consolidándose como un actor clave y un competidor directo de Estados Unidos y China por la influencia regional.
En definitiva, Groenlandia se ha convertido en un activo geoestratégico de primer orden, donde convergen intereses de seguridad, control territorial, recursos naturales y proyección de poder global. Lo que ocurre en el Ártico ya no es un asunto periférico: es una de las claves del equilibrio estratégico mundial del presente y del futuro inmediato.
El autor es abogado, Mayor General de la Policía Nacional (r) y piloto policial; Magíster en Defensa y Seguridad Nacional, egresado de la Universidad Nacional de Defensa de la República Dominicana.

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