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Adolfina Mejia
enero 09, 2026
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Por: Servio Pérez
El mundo asiste hoy a un espectáculo de confusión terminológica y estulticia política. Se observa con detenimiento el despliegue de batallones, brigadas y operativos militares de alta precisión, creyendo erróneamente que el movimiento de tropas o la captura de un administrador es sinónimo de libertad. Es imperativo aclarar, desde la ciencia política y la lógica técnica, que la Representación es la antítesis de la Democracia.
1. El engaño de la estructura de mando
Muchos se pierden en el análisis de las jerarquías: cuántos soldados integran un batallón (de 300 a 1,500) o cuántas divisiones forman un cuerpo de ejército. Sin embargo, no importa la magnitud de la fuerza empleada si el objetivo sigue siendo sostener el sistema representativo. La fuerza militar, por definición, es piramidal y delegada; por tanto, el uso de la fuerza para quitar a un gobernante y poner a otro no es un acto democrático, es simplemente una reconfiguración de la oligarquía.
2. La soberanía no se traslada, se ejerce
La creencia de que instituciones externas o procesos electorales "devuelven" la democracia es un yerro fundamental. La soberanía es inalienable. Cuando un pueblo elige a un "representante", no está ejerciendo su poder, lo está entregando. En consecuencia, cualquier salida política que dependa de un "líder necesario" o de un "presidente" es una prolongación del modelo monárquico disfrazado de modernidad.
3. El mito del cambio a través del conflicto
Operaciones de captura o intervenciones internacionales no pueden "parir" democracia. La democracia es *Participación Directa*: el ejercicio del poder por parte del ciudadano sin intermediarios. Mientras la sociedad civil siga siendo un espectador que cuenta soldados y espera resultados de cúpulas militares o políticas, seguirá siendo una masa subordinada. El cambio real no se compra con capital ni se impone con fusiles; se logra mediante la organización técnica del soberano.
Conclusión
Para que la Democracia nazca, la Representación debe morir. No existe tal cosa como una "mejor representación". La historia y la ciencia han demostrado que solo lanParticipación Directa es democracia pura. Todo lo demás —votos, delegados, presidentes y ejércitos— son solo los componentes de una farsa que anula la voluntad humana. Mientras existan representantes, jamás habrá libertad.
El autor, es Diplomático, Abogado, Comunicador Social, Maestro Universitario.

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