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Adolfina Mejia
marzo 17, 2026
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Por: Servio Pérez
Tras analizar profundamente la tesis sobre la "libertad plena", me permito compartir una reflexión fundamentada en la realidad del orden social, la ética y el marco jurídico que rige a la civilización contemporánea.
La premisa de una libertad absoluta e ilimitada es, desde el punto de vista científico y social, una entelequia. No existe, ni podrá existir, una sociedad organizada que no regule el libre albedrío a través de limitaciones legales y morales. Estas fronteras no se erigen para coartar al individuo, sino para garantizar la convivencia pacífica y una libertad regulada que impida la laceración del prójimo.
El hombre, desde su nacimiento, se convierte en ciudadano, un estatus que le otorga derechos pero que, intrínsecamente, le exige el cumplimiento de normas de control ético y moral. Bajo esta óptica, presento los siguientes pilares de mi postura:
• El Límite como Garantía de Libertad: Ningún individuo puede pretender que su voluntad se imponga por encima del bienestar común. El "libre albedrío" no es una patente de corso para el delito ni para la indigencia por elección que pretenda ser sostenida por el esfuerzo ajeno. La sociedad no aplaude la desviación; la somete al imperio de la ley para preservar el equilibrio.
• La Equidad Jurídica como Punta de Lanza: No existe sistema político en la historia que no haya planteado su propio ordenamiento jurídico. Este es el único mecanismo capaz de garantizar una equidad y justicia que permita el desarrollo del ser humano civilizado. Pretender una libertad sin límites es invocar el caos y retroceder hacia un salvajismo que ni siquiera se observa en el reino animal, donde la agresión intraespecie es regulada por instintos de preservación del entorno social.
• La Libertad Sociabilizada: La única libertad verdadera y provechosa es la libertad consensuada. Aquella que nace de la ética, la moral, las costumbres y el sistema jurídico parido por la misma sociedad a la que el individuo pertenece. Es dentro de estos "puntos de control" donde el hombre encuentra su plenitud, respetando las normas establecidas.
• La Responsabilidad del Estado y la Sociedad: Incluso en casos de aislamiento o vulnerabilidad extrema, el individuo sigue ligado al contrato social. El Estado y la sociedad intervienen no solo para asistir, sino para proporcionar los elementos de una vida digna —como el cuidado en centros especializados o geriátricos—, demostrando que el hombre está sujeto al cuidado y control de su comunidad desde el nacimiento hasta la muerte.
En conclusión, la libertad fuera de la norma no es libertad, es un atentado contra los ciudadanos que cohabitan en un espacio común. Quien no comprende que la libertad debe ser socializada, renuncia a la civilidad para caer en una ley de la selva que la humanidad ya ha superado mediante el derecho y la razón.

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