Titulares

jueves, 12 de marzo de 2026

El Vende Sueños




Por: Juan Manuel Morel Pérez

En la dinámica social y profesional, el desgaste de pedir favores que nunca se cumplen se convierte en una carga emocional difícil de sobrellevar. No es un capricho, sino una
necesidad legítima que, al no ser atendida, obliga a la persona a recordar, a suplicar, hasta sentir que la energía se consume en gestiones prometidas, pero no cumplidas.

Esa desigualdad en la relación —uno pide, el otro incumple o posterga— revela una falta de empatía que hiere la confianza y deteriora los vínculos. Construyendo una personalidad denominada vende sueños, o sea aquel que promete soluciones, pero que en realidad no va a cumplir, o sus obligaciones y prioridades le llevan a olvidarse de lo solicitado.

El vendedor de sueños tiene la capacidad de la seducción de las palabras y la capacidad de convencer a otros de que lo solicitado está a la vuelta de la esquina.

El vende sueños no es una figura nueva. En la antigüedad existían los charlatanes que recorrían pueblos con remedios mágicos que nunca funcionaban. En la época de la conquista y colonización también se ejerció ese rol: a los esclavos africanos y a los pueblos originarios se les ofrecía la ilusión de que en las nuevas tierras encontrarían prosperidad, libertad o incluso ascenso social. Esas promesas eran un mecanismo de control y sometimiento, diseñadas para mantener la esperanza mínima necesaria que permitiera aceptar la explotación en espera de un “futuro mejor”. Hoy día lo vemos en todos los espacios, pero la paradoja más dolorosa ocurre cuando, después de tanto esfuerzo, finalmente la persona logra lo que buscaba sin apoyo del vende sueños se atreve a adjudicarse el mérito, afirmando que “incidió” en el resultado, mostrando así su otra identidad: ser oportunista.

El vende sueños tiene similitudes con el hipócrita. Ambos viven de la apariencia: uno
promete lo que no cumple, el otro aparenta virtudes que no practica. Los dos generan
desconfianza y terminan contaminando las relaciones humanas. Sin embargo, hay
diferencias claras: el vende sueños manipula la esperanza con proyectos que nunca
llegan, mientras el hipócrita manipula la confianza con conductas presentes que
contradicen sus palabras. El primero engaña con ilusiones, el segundo traiciona con doble moral.

Frente a estas figuras, es necesario reivindicar la importancia de la transparencia en las relaciones humanas. Que quien no va a cumplir no se comprometa, porque muchas veces en la espera de esa solución o cooperación se deteriora la salud, la economía entra en crisis o incluso se pierde la vida. La honestidad no es un lujo, es una responsabilidad ética que sostiene la confianza y la dignidad en la convivencia.

Sobre el autor:

Es abogado, Magister en Seguridad y Defensa Nacional, Especialista en Derechos Humanos y Derecho Internacional humanitario, doctorando en derecho Administrativo iberoamericano,

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