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Adolfina Mejia
enero 17, 2026
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Por: Valentín Rosado Vicioso
Durante décadas, la República Dominicana concibió su política de defensa desde una lógica de dependencia externa casi absoluta. La adquisición de equipos militares, vehículos tácticos, embarcaciones y sistemas de apoyo estuvo históricamente condicionada a proveedores extranjeros, lo que limitó no solo la autonomía operativa del Estado, sino también su capacidad de adaptación estratégica frente a amenazas emergentes.
Sin embargo, en los últimos años, específicamrnte durante los años de gestión del actual Presidente Constitucional de la República Dominicana, Licenciado Luís Rodolfo Abinader Corona, lo mismo que, en la del Ministro de Defensa Teniente General ERD Carlos Antonio Fernández Onofre, el país ha comenzado a transitar un proceso que merece atención y análisis: la construcción progresiva de capacidades propias dentro de su industria militar, con expresiones concretas y verificables. Entre ellas se destaca la reciente fabricación del vehículo blindado VBD-1 FURIA, el fortalecimiento de los Astilleros Navales Dominicanos y ensamblajes de aviones TP-75 Dulus, como pilares de una visión más amplia de defensa, seguridad y desarrollo nacional.
Hablar de industria militar en el contexto dominicano no implica una carrera armamentista ni una vocación belicista. Implica, ante todo, capacidad de diseño, ensamblaje, mantenimiento, adaptación y producción limitada, alineada con las necesidades reales del país. En ese marco, el VBD-1 (Vehículo Blindado Dominicano) representa un hito simbólico y operativo: un blindado concebido, ensamblado y adaptado a la realidad geográfica, climática y funcional de la República Dominicana.
El VBD-1 no es un proyecto ornamental ni propagandístico. Responde a misiones concretas: patrullaje fronterizo, apoyo a operaciones de seguridad, control territorial, protección de infraestructuras críticas y apoyo a fuerzas desplegadas en escenarios de riesgo. Su diseño prioriza funcionalidad, movilidad y protección, demostrando que la industria militar nacional puede ofrecer soluciones prácticas y sostenibles, sin necesidad de replicar modelos extranjeros de alto costo y complejidad innecesaria.
Este desarrollo tiene una implicación estratégica clara: un país que puede producir, mantener y modernizar parte de sus propios medios terrestres reduce su dependencia externa, optimiza recursos y fortalece su capacidad de respuesta. Más importante aún, desarrolla conocimiento técnico interno, elemento esencial para cualquier sistema de defensa moderno.
Paralelamente, los Astilleros Navales Dominicanos constituyen otro pilar fundamental de esta incipiente industria militar. Su fortalecimiento ha permitido no solo la reparación y mantenimiento de unidades navales militares y auxiliares, sino también la construcción y modernización de embarcaciones, tanto para funciones de defensa como de seguridad marítima, control costero y lucha contra amenazas transnacionales.
En un país con una posición geográfica estratégica y una amplia frontera marítima, la capacidad naval no es un lujo, sino una necesidad. Los astilleros representan soberanía tangible: permiten que la Armada Dominicana no dependa exclusivamente de terceros para sostener su flota, prolongando la vida útil de sus medios y adaptándolos a misiones específicas, desde la vigilancia marítima hasta la respuesta ante desastres naturales.
Desde una perspectiva geopolítica, estos avances adquieren mayor relevancia. En un sistema internacional marcado por tensiones, sanciones, restricciones tecnológicas y volatilidad en las cadenas de suministro, la autosuficiencia relativa en materia de defensa se convierte en un activo estratégico. No se trata de aislarse, sino de reducir vulnerabilidades críticas. Además, la industria militar —cuando es correctamente orientada— puede convertirse en un motor de desarrollo industrial y tecnológico. El VBD-1 y los Astilleros Navales generan empleos especializados, fomentan la formación técnica, impulsan la ingeniería aplicada y crean sinergias con sectores civiles, universidades e institutos técnicos.
El blindado VBD-1 “FURIA” fue presentado oficialmente al público y puesto en exhibición en la República Dominicana el 15 de enero de 2026, durante un acto encabezado por el señor presidente Luis Abinader y el ministro de Defensa Fernández Onofre, en el marco de la consolidación de la Industria Militar Dominicana como una capacidad de manufactura.
Defensa y desarrollo, lejos de ser conceptos opuestos, pueden y deben complementarse.
No obstante, este proceso exige visión de Estado, transparencia y planificación a largo plazo. La industria militar no puede depender de coyunturas políticas ni de improvisación institucional. Requiere marcos legales claros, control civil efectivo y objetivos estratégicos bien definidos. Solo así evitará desviaciones y consolidará su legitimidad ante la sociedad.
La República Dominicana se encuentra en un punto de inflexión. El desarrollo del VBD-1 y el fortalecimiento de los Astilleros Navales no son hechos aislados, sino señales de una capacidad nacional en construcción. Consolidar este camino implica entender que la defensa moderna no se basa únicamente en la compra de equipos, sino en la capacidad de sostenerlos, adaptarlos y desarrollarlos internamente.
En lo que tiene que ver con el componente aéreo de la defensa, la República Dominicana está ensamblando localmente el TP-75 Dulus, una aeronave de entrenamiento y patrullaje militar, en las instalaciones del Comando de Mantenimiento de la FARD en la base aérea se San Isidro. Estos aviones están siendo ensamblados en territorio dominicano por técnicos de la FARD y varias unidades ya han salido de la línea de montaje para ser utilizadas en misiones de patrullaje aéreo y vigilancia fronteriza, especialmente en áreas donde la vigilancia terrestre es más difícil
La industria militar dominicana —aún modesta, pero en evolución— se perfila como un componente esencial de la defensa, la seguridad y el desarrollo nacional. Ignorar este proceso sería un error estratégico; fortalecerlo con responsabilidad y visión, una decisión de Estado; por lo que en definitiva y sin lisonjas, se ha de felicitar al señor presidente constitucional de República Dominicana Licenciado Luís Rodolfo Abinader Corona, Autoridad Suprema de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, lo mismo que al honorable Ministro de Defensa Teniente General ERD Carlos Antonio Fernández Onofre junto con su Estado Mayor General y demas miembros de los equipos de apoyo, por los nuevos logros obtenidos en aras del fortalecimiento de la defensa y seguridad del Estado Dominicano.
El autor es Mayor General en servicio pasivo y Piloto de la Policía Nacional, Magíster en defensa y seguridad egresado de la Universidad Nacional de Defensa (UNADE).

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