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sábado, 17 de enero de 2026

Más allá de las etiquetas: qué sistema político puede realmente funcionar en la República Dominicana


Por: Ramon A. Rodriguez Veras

En el debate público contemporáneo se habla con frecuencia —y con ligereza— de sistemas de gobierno e ideologías como si fueran fórmulas universales. Socialismo, neoliberalismo, socialdemocracia o capitalismo suelen presentarse como soluciones totales, exportables sin ajustes, capaces de resolver por sí solas los problemas estructurales de cualquier país. Sin embargo, la experiencia histórica y la evidencia comparada demuestran que ningún modelo funciona en el vacío: su éxito depende de las condiciones institucionales, económicas, culturales y sociales donde se aplica.

Este artículo propone una reflexión necesaria: más que elegir una ideología, la República Dominicana necesita una combinación institucional realista, ajustada a sus capacidades y desafíos actuales.

Sistemas de gobierno, una aclaración indispensable. Antes de hablar de ideologías, es imprescindible distinguir conceptos. Los sistemas de gobierno se refieren a la forma en que se organiza y ejerce el poder político. De manera general, la ciencia política identifica tres grandes sistemas: 1) Democrático, basado en elecciones libres, pluralismo político y separación de poderes. 2) Autoritario, en el que el poder se concentra en una persona o grupo, con libertades limitadas. 3) Totalitario, en el que el Estado controla de manera integral la vida política, social y económica.

La República Dominicana se inscribe formalmente en un sistema democrático, con un régimen presidencialista y una Constitución que reconoce derechos y libertades fundamentales. El debate, por tanto, no es sobre cambiar el sistema de gobierno, sino sobre qué ideología y qué diseño institucional permiten que esa democracia funcione mejor.

El socialismo, una ideología más que un sistema. Uno de los conceptos más invocados —y menos comprendidos— es el socialismo. Conviene decirlo con claridad: el socialismo no es un sistema de gobierno, sino una ideología político-económica que propone la primacía de lo colectivo, un rol central del Estado en la economía y la búsqueda de mayor igualdad social.

A lo largo de la historia, el socialismo ha sido aplicado bajo regímenes democráticos, autoritarios y totalitarios, con resultados muy distintos. En América Latina, muchas experiencias autodenominadas socialistas han derivado en concentración de poder, debilitamiento institucional y crisis económicas, no tanto por la ideología en sí, sino por su aplicación en contextos con Estados débiles, alta corrupción y escasos contrapesos.

Esto ha generado una falsa dicotomía, aceptar el socialismo como sinónimo de justicia social o rechazarlo como sinónimo de autoritarismo. Ambas posturas son reduccionistas.

La socialdemocracia, virtudes y límites. En contraste, la socialdemocracia ha sido presentada por muchos pensadores como el modelo más exitoso del mundo contemporáneo. No sin razones. La socialdemocracia combina: Democracia liberal, Economía de mercado, Estado regulador fuerte, Políticas fiscales progresivas y amplios derechos sociales.

Países como Suecia, Noruega, Alemania o Canadá muestran que este modelo puede generar crecimiento económico sostenido, baja desigualdad, alta cohesión social y estabilidad política. De ahí que se afirme con frecuencia que la socialdemocracia es “la mejor forma de gobierno” del siglo XXI. Sin embargo, esta afirmación omite una condición clave: la socialdemocracia solo funciona plenamente donde existen instituciones sólidas, alta capacidad administrativa, baja corrupción, elevada presión fiscal y una ciudadanía dispuesta a cumplir las reglas.

¿Por qué la socialdemocracia no se trasplanta automáticamente a la República Dominicana?

Aplicar una socialdemocracia clásica en la República Dominicana enfrenta límites estructurales evidentes: capacidad fiscal limitada, la recaudación tributaria es baja para sostener un Estado de bienestar amplio; alta informalidad laboral, lo que reduce la base contributiva; debilidades institucionales en control del gasto; calidad del servicio público y rendición de cuentas; desconfianza ciudadana en el uso de los recursos públicos; y riesgo de que un Estado más grande se convierta en clientelismo y populismo fiscal, en lugar de derechos sociales efectivos. Esto no significa que la justicia social sea inviable, sino que copiar modelos sin adaptar condiciones conduce al fracaso.

La propuesta, una combinación institucional para la República Dominicana. Con las condiciones actuales del país, la opción más razonable no es elegir entre socialismo o neoliberalismo, sino avanzar hacia una economía mixta bien gobernada, basada en cinco pilares: 1) Democracia liberal sólida, respeto real al Estado de derecho, independencia institucional, contrapesos y alternancia política efectiva; 2) Economía de mercado como motor, el crecimiento, la inversión y el empleo deben provenir del sector productivo privado, con reglas claras y competencia real; 3) Estado regulador y social, pero eficiente, un Estado que no sustituya al mercado, sino que lo corrija: educación de calidad, salud primaria fuerte, seguridad ciudadana y protección social focalizada y evaluada; 4) Disciplina fiscal y pacto tributario realista, ampliar la base, reducir exenciones ineficientes, mejorar el cumplimiento y garantizar que cada peso recaudado tenga trazabilidad y resultados medibles y 5) Lucha efectiva contra la corrupción, sin esto, ninguna ideología funciona. La calidad del gasto es tan importante como su volumen.

Conclusión

La pregunta correcta no es qué ideología es “mejor” en abstracto, sino qué combinación institucional permite que la democracia dominicana produzca bienestar, estabilidad y oportunidades reales. Para la República Dominicana, el camino más viable hoy es una democracia con economía de mercado regulada, políticas sociales inteligentes y un Estado más capaz que grande, más técnico que clientelar, más transparente que retórico. Más allá de etiquetas ideológicas, el verdadero debate es institucional. Y ahí es donde se juega el futuro del país.


Sobre el autor:

Es General ® de la Policía Nacional, graduado en Seguridad Pública y Alto Mando policial en la Academia de Ciencias Policiales de Carabineros de Chile, Ciencias Políticas y Gestión Pública en el Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y es Licenciado en Administración de Empresas

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