Titulares

lunes, 23 de febrero de 2026

Entre la incertidumbre global y la oportunidad estratégica: cómo navegar la reconfiguración del poder mundial sin perder el rumbo


Por: Ramón A. Rodríguez Veras

En los últimos años se ha vuelto frecuente escuchar expresiones como “nuevo orden muniguración geopolítica. Sin embargo, más que la consolidación de un nuevo sistema global, lo que observamos es una transición inestable donde las reglas aún están en disputa, los centros de poder se reacomodan y la economía, la tecnología y los recursos estratégicos redefinen las relaciones internacionales.

Este escenario no es distante ni abstracto: influye en los precios, la inversión, el empleo, la seguridad alimentaria y hasta en la estabilidad política de los países. Comprenderlo no es solo un ejercicio académico; es una necesidad estratégica.

La historia muestra que los “órdenes mundiales” suelen emerger tras grandes conflictos o transformaciones sistémicas. Ocurrió después de las guerras mundiales y durante la Guerra Fría. Hoy, en cambio, no existe aún un consenso sobre nuevas reglas globales.

Lo que sí es evidente es: La rivalidad estructural entre Estados Unidos y China en comercio, tecnología y seguridad; la prolongación de conflictos regionales con impacto global; la crisis del multilateralismo tradicional y la aparición de decisiones unilaterales; el peso creciente de actores no estatales como son las corporaciones tecnoló IIIgicas, los mercados financieros, las redes digitales e incluso organizaciones criminales transnacionales; la geopolítica contemporánea ya no se define solo por el poder militar, sino por datos, cadenas de suministro, tecnología, energía y control de recursos estratégicos.

América Latina posee recursos naturales, biodiversidad, potencial energético y una ubicación estratégica privilegiada. Sin embargo, históricamente ha tenido dificultades para traducir esas ventajas en poder geopolítico sostenible. La región enfrenta tres grandes retos: 1. Pasar de exportadora de materias primas a generadora de valor. El litio, los alimentos, la energía renovable y el agua dulce pueden ser palancas de desarrollo, pero solo si se integran a procesos industriales y tecnológicos; 2. Construir integración regional efectiva. Sin coordinación logística, energética y comercial, cada país negocia solo frente a grandes potencias, reduciendo su capacidad de influencia y 3. Fortalecer institucionalidad y estabilidad macroeconómica. La confianza internacional, la inversión y el crecimiento dependen de marcos regulatorios sólidos, disciplina fiscal y seguridad jurídica. La región no carece de potencial; lo que necesita es coherencia estratégica.

Para la República Dominicana, esta reconfiguración global puede representar tanto riesgos como oportunidades. Su estabilidad relativa, ubicación geográfica y apertura económica la posicionan favorablemente, pero requieren decisiones estratégicas consistentes: 1. Convertirse en hub logístico y productivo del Caribe. El fenómeno del nearshoring abre oportunidades para atraer manufactura, servicios tecnológicos y cadenas de suministro regionales. La clave será invertir en infraestructura, capital humano y seguridad jurídica; 2. Priorizar sostenibilidad fiscal y calidad del gasto público. La credibilidad financiera internacional depende cada vez más de la transparencia fiscal, la eficiencia del gasto y la estabilidad macroeconómica. Esto impacta directamente la inversión, la inflación y la confianza internacional; 3. Fortalecer seguridad alimentaria y agroindustria. La producción agrícola tecnificada, la agroexportación y la integración agroindustrial pueden convertirse en pilares económicos estratégicos, especialmente en un contexto global de incertidumbre alimentaria; 4. Apostar decididamente por educación e innovación. El verdadero poder del futuro no será solo territorial ni financiero, sino humano y tecnológico. Sin talento capacitado, ningún país logra insertarse competitivamente en la economía global y 5. Practicar una diplomacia equilibrada y pragmática. Mantener relaciones constructivas con múltiples socios, Estados Unidos, Europa, China y América Latina, sin polarización ideológica permitirá maximizar oportunidades económicas.

Frecuentemente se percibe la geopolítica como algo lejano, reservado a cancillerías o grandes potencias. Pero sus efectos son tangibles, determinan precios de energía y alimentos, influyen en inversiones, empleo y tecnología disponible, condicionan acuerdos comerciales y flujos financieros, impactan la seguridad nacional y la estabilidad social, ignorar estos factores equivale a navegar sin brújula en aguas turbulentas.

El mundo no ha entrado aún en un nuevo orden; atraviesa una reconfiguración profunda donde conviven multipolaridad, competencia estratégica y transformaciones tecnológicas aceleradas. Para América Latina y, particularmente, para la República Dominicana, el desafío no es elegir bandos ideológicos, sino construir capacidades internas, fortalecer instituciones y aprovechar inteligentemente las oportunidades del nuevo contexto global.

La verdadera pregunta no es si habrá un nuevo orden mundial, sino si estaremos preparados para participar activamente en su construcción o simplemente adaptarnos a él. La respuesta dependerá de la visión estratégica que asumamos hoy.

Sobre el autor:

General ®️ de la Policía Nacional, graduado en Seguridad Pública y Alto Mando policial en la Academia de Ciencias Policiales de Carabineros de Chile, Ciencias Políticas y Gestión Pública en el Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y es Licenciado en Administración de Empresas
« PREVIO
SIGUIENTE »

No hay comentarios

Publicar un comentario