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Adolfina Mejia
julio 29, 2026
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Por: José Domingo Arias (Gen. de Brig. (r) ERD)
En el otoño de 2014, mientras cursaba estudios en la Universidad Nacional de Defensa de Estados Unidos, escribí un trabajo sobre las consecuencias que podía tener para la República Dominicana el progresivo colapso institucional de Haití.
Buscaba entender quién podía aprovechar el vacío de autoridad provocado por el avanzado deterioro político e institucional de Haití, asumir el control del país y, finalmente, cómo esa situación terminaría afectando a la República Dominicana.
Mi profesor, el Dr. Peter Thompson, dejó una observación al margen que me obligó a revisar el fundamento de mi argumento: ¿Existe evidencia de terrorismo haitiano o de grupos terroristas operando allí?
En ese momento no tenía una respuesta convincente. Doce años después, sí la tengo, aunque no es la que él ni yo imaginábamos.
Lo que planteé en 2014
Mi tesis partía de una realidad que entonces parecía clara: América Latina ocupaba un lugar secundario en la agenda internacional contra el terrorismo y, hasta ese momento, ningún ataque contra Estados Unidos se había originado en la región. Esa aparente distancia frente a la amenaza, sin embargo, no significaba que todos los países latinoamericanos estuvieran libres de riesgos.
Haití representaba una excepción preocupante.
En 2014, el país apareció por décimo año consecutivo en el índice elaborado por The Fund for Peace para medir la fragilidad de los Estados. En esa edición, la décima del informe, Haití ocupó el noveno lugar entre los países más frágiles del mundo, con una puntuación de 104.3.
No se trataba, por tanto, de una crisis reciente ni de una posibilidad teórica. El deterioro político e institucional haitiano llevaba una década siendo registrado de manera sistemática y se reflejaba en una economía precaria, instituciones débiles, limitada capacidad para controlar el territorio y, en aquel momento, ausencia de Fuerzas Armadas.
En el trabajo cité una estimación de inteligencia elaborada en 2013 por el Ministerio de Defensa dominicano, en la que se advertía sobre posibles vínculos entre Haití y Estados asociados al terrorismo, presencia de elementos islamistas y amplias zonas sin control gubernamental que podían ser utilizadas como puntos de tránsito, apoyo o preparación de operaciones.
Toda la información disponible entonces, le dieron fundamento a la preocupación, pero no nos ayudaron en anticipar quién terminaría ocupándolo.
Lo que realmente ocurrió
La amenaza que se desarrolló en Haití no fue el yihadismo internacional que había contemplado en 2014. Surgió dentro del propio país y se alimentó del mismo deterioro político e institucional que entonces había identificado.
El asesinato del presidente Jovenel Moïse, en julio de 2021, profundizó una crisis que ya venía debilitando al Estado. Haití quedó sin un presidente electo, sin un Parlamento en funcionamiento y bajo gobiernos transitorios con escasa legitimidad.
Las bandas armadas aprovecharon ese vacío para ampliar su control territorial. La crisis alcanzó un punto decisivo en 2024, cuando una ofensiva contra cárceles, estaciones policiales, edificios públicos y el aeropuerto de Puerto Príncipe precipitó la salida del primer ministro Ariel Henry y dio paso al Consejo Presidencial de Transición. Para entonces, esos grupos ya dominaban gran parte de la capital y extendían su presencia hacia Artibonito y el departamento Centro.
La gravedad de la situación llevó a la comunidad internacional a respaldar una misión multinacional de apoyo a la seguridad, cuyos resultados fueron limitados por la falta de personal, recursos y capacidad operativa. El 2 de mayo de 2025, Estados Unidos designó a Viv Ansanm y Gran Grif como Organizaciones Terroristas Extranjeras y Terroristas Globales Especialmente Designados.
En febrero de 2026 venció el plazo de la transición sin que se hubieran celebrado elecciones ni restablecido el orden constitucional. Para entonces, las bandas controlaban cerca del 90 % de Puerto Príncipe y su zona metropolitana. La respuesta a la pregunta del Dr. Thompson es hoy afirmativa: en Haití operan organizaciones designadas legalmente como terroristas, no grupos yihadistas extranjeros, sino estructuras armadas locales fortalecidas por el colapso institucional.
La respuesta dominicana que no anticipé
Mi trabajo de 2014 también analizaba cómo el deterioro del Estado haitiano podía afectar la seguridad y la estabilidad de la República Dominicana. Lo que no anticipé fue que la migración se convertiría en una de las principales manifestaciones de esa crisis ni la magnitud que alcanzaría la respuesta dominicana.
El Gobierno del presidente Luis Abinader reforzó la frontera con una verja equipada con drones, cámaras y sistemas de visión nocturna, y aumentó los operativos migratorios. Solo en 2025, las autoridades realizaron más de 379,000 deportaciones y repatriaciones, una cifra que refleja tanto la presión migratoria como la firmeza de una política orientada a proteger la soberanía, reforzar la seguridad fronteriza y reducir la presión sobre los servicios públicos.
Estas medidas han sido cuestionadas por organizaciones internacionales de derechos humanos, mientras el Gobierno dominicano sostiene que responden a razones de seguridad, soberanía y capacidad institucional. La crisis haitiana dejó así de ser únicamente un problema externo y pasó a convertirse en un desafío directo para el control fronterizo, la estabilidad interna y las relaciones internacionales de la República Dominicana.
En conclusión
Al releer aquel trabajo doce años después, comprendo que acerté al identificar el vacío institucional de Haití y el riesgo que representaba para la República Dominicana. Me equivoqué, sin embargo, al pensar que sería aprovechado por organizaciones extremistas extranjeras. La amenaza terminó surgiendo dentro del propio Haití, mediante bandas armadas que ampliaron su control territorial y llegaron a desafiar directamente al Estado.
Tampoco anticipé que la migración se convertiría en una de las principales consecuencias de la crisis. El diagnóstico general era correcto; lo que no supe prever fue la naturaleza de la amenaza ni la magnitud de su impacto sobre la República Dominicana.
Sobre el autor:
Magister en Estudios Estratégicos de Seguridad, National Defense University/Magister en Estrategia, US Army Command and General Staff School/Magister en Mercadeó Internacional, Fordham University/Licenciado en Administración, Audrey Cohen College/Licenciado en Ciencias Militares, AMFA/ Especialidad en Homeland Security, National Defense University.

Realmente hay pocas posibilidades de que Haití consiga su estabilidad política, mientras tanto ERD tiene que manejarse con mucho cuidado
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