Titulares

sábado, 11 de julio de 2026

Sí, señor Guarionex, la Policía sí tiene componte



Por: José Domingo Arias (Gen. de Brig. (r) ERD)

El señor Guarionex Rosa sostiene en su más reciente artículo, en un diario de circulación nacional, que "la Policía Nacional no tiene componte". La frase es fuerte, provocadora y nace de la indignación que produjo el asesinato del joven Darlin Mercado a manos de un agente policial. Esa indignación la compartimos todos. Ningún dominicano puede permanecer indiferente cuando quien tiene la obligación de proteger termina convirtiéndose en victimario.

Sin embargo, discrepo de su conclusión. La Policía Nacional sí tiene componte. Lo que ocurre es que, cada vez que sucede una tragedia de esta naturaleza, el debate deja de centrarse en cómo fortalecer la institución y pasa a convertirse en una oportunidad para desgastar políticamente al gobierno de turno. Así ha ocurrido durante décadas, sin importar quién ocupe el poder.

No es la primera vez que un policía mata a un ciudadano de manera injustificada. Tampoco nacieron en esta administración los llamados "intercambios de disparos", los excesos policiales, las deficiencias en el reclutamiento o las fallas en la formación de los agentes. Son problemas estructurales que la República Dominicana ha arrastrado durante generaciones y que ningún gobierno logró resolver por completo.

Lo que sí distingue este momento de otros es que, por primera vez en muchos años, el país decidió enfrentar esas debilidades mediante una reforma integral de la Policía Nacional.

Por eso resulta preocupante que cada hecho lamentable sea utilizado para desacreditar un proceso de transformación que apenas comienza a producir resultados. Es legítimo exigir justicia, reclamar transparencia y pedir sanciones ejemplares para quien viole la ley. Lo que no resulta justo es presentar un problema histórico como si fuera consecuencia exclusiva de una administración o utilizar el dolor de una familia para construir un discurso de desgaste político.

La seguridad ciudadana nunca debería convertirse en un instrumento de confrontación partidaria. En los países donde la Policía goza de mayor prestigio y respeto existe un consenso nacional sobre la necesidad de fortalecer las instituciones encargadas de preservar el orden público, independientemente del partido que gobierne.

En los países desarrollados la autoridad policial es firme y respetada. Un ciudadano sabe que debe obedecer toda instrucción dada por un agente de la ley y que desafiarla tendrá consecuencias. Pero ese mismo agente sabe que el uniforme no le concede privilegios. Si abusa de su autoridad o viola la ley, responderá disciplinaria y penalmente.

Ese equilibrio entre autoridad y responsabilidad constituye el verdadero componente institucional y el objetivo central de la reforma policial dominicana. Para alcanzarlo, la reforma ya impulsa medidas concretas tales como: elevar los estándares de ingreso, fortalecer la formación académica y ética, mejorar el entrenamiento en el uso proporcional de la fuerza, modernizar la supervisión e incorporar tecnologías y mecanismos más rigurosos de rendición de cuentas, todo ello orientado a construir una Policía más profesional, transparente y confiable.

Como toda reforma profunda, sus resultados requieren tiempo. Cambiar una cultura organizacional construida durante décadas no ocurre de un día para otro. Exige liderazgo, continuidad, recursos y, sobre todo, respaldo de toda la sociedad. Pretender que unos pocos años basten para corregir prácticas arraigadas durante generaciones sería desconocer cómo funcionan las grandes transformaciones institucionales.

También debemos reconocer otra realidad que rara vez se menciona. En nuestro país se ha debilitado el respeto por la autoridad legítima. Hoy cualquier actuación policial suele ser juzgada primero en las redes sociales y después en los tribunales. Con frecuencia se condena o se absuelve a un agente antes de que concluyan las investigaciones. Ese ambiente de permanente polarización termina favoreciendo al delincuente, que percibe una autoridad cuestionada y cada vez más condicionada por el debate político. Una Policía sin autoridad no protege al ciudadano; protege al delincuente.

Las críticas responsables siempre serán necesarias porque ayudan a corregir errores y fortalecer las instituciones. Lo que no ayuda es convertir cada tragedia en una plataforma para desacreditar todo el esfuerzo de transformación o para alimentar la confrontación política. Cuando la seguridad ciudadana se convierte en un campo de batalla partidario, pierde la sociedad y gana la delincuencia.

Por lo tanto, sí señor Guarionex, la Policía sí tiene componte. Lo está recuperando mediante una reforma profunda que merece continuidad, respaldo y el compromiso de toda la sociedad. Ninguna transformación institucional de esta magnitud produce resultados de la noche a la mañana, pero el camino correcto ya ha sido trazado.

Fortalezcamos la reforma, exijamos responsabilidad a quien viole la ley y respaldemos a los miles de policías honestos que sirven con vocación y sacrificio. Porque una República Dominicana más segura no se construye debilitando a su Policía, sino ayudándola a ser cada día más profesional, más respetada y confiable.

Sobre el autor:

Magister en Estudios Estratégicos de Seguridad, National Defense University/Magister en Estrategia, US Army Command and General Staff School/Magister en Mercadeó Internacional, Fordham University/Licenciado en Administración, Audrey Cohen College/Licenciado en Ciencias Militares, AMFA/ Especialidad en Homeland Security, National Defense University.

« PREVIO
SIGUIENTE »

No hay comentarios

Publicar un comentario