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Adolfina Mejia
julio 10, 2026
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Por: Súlgida Nin
La historia de la inmigración dominicana en España tiene dos fechas que se abrazan: el 13 de noviembre de 1992 y septiembre de 2024.
El 13 de noviembre murió Lucrecia Pérez Matos, trabajadora doméstica de 32 años. Con ella murió también la idea de que en España “eso no pasaba”. Su asesinato forzó al país a reconocer el racismo.
Años antes había llegado Bernarda Jiménez Clemente. Y se quedó a pelear. Presidió el Voluntariado de Madres Dominicanas, acompañó a miles en procesos de regularización y se sentó donde nunca se había sentado una inmigrante: en la Ejecutiva del PSOE.
Lucrecia fue el grito. Bernarda fue la respuesta.
Por eso hoy las nombramos juntas: porque la memoria sin acción se olvida, y la acción sin memoria se vacía.
Lucrecia llegó a Madrid en 1992 buscando una vida mejor. Un mes después fue asesinada en Aravaca. Su muerte fue reconocida como el primer crimen racista de la España democrática y abrió los ojos de un país entero.
Bernarda llegó en los 70 y dedicó más de 30 años a que eso no volviera a pasar en silencio. Desde el Voluntariado de Madres Dominicanas ayudó a regularizar a más de 45.000 inmigrantes. Fue la primera inmigrante en la dirección federal del PSOE y creó el Premio Humanitario Lucrecia Pérez para mantener viva la memoria.
Una puso el dolor que obligó a cambiar. La otra puso el trabajo que logró el cambio.
Hoy sus legados siguen caminando en cada persona migrante que tiene derechos, nombre y voz en España.
Unidas lo lograremos…!!!

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